Mario Benedetti: el poeta del compromiso y la alegría que supo escribir la épica de los seres humanos más allá de los superhéroes
Escribió del amor y la muerte. Nos habló de la soledad. Desde el exilio, denunció en todos los rincones del mundo los crímenes de las dictaduras latinoamericanas. Su poesía urgente buscó siempre el camino más corto. En la música, en la palabras. Y claro, muchos conocieron el mundo de la poesía por él, como antes pasara con Neruda, o con Bécquer. “Mi táctica es hablarte y escucharte. Construir con palabras un puente indestructible”, decía. Y esa era su táctica. Por eso fue que miles de personas, de las más diversas edades y extracciones sociales, y personalidades de la cultura, de la política y de otros ámbitos, se hicieron presentes en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo uruguayo el pasado domingo, para darle el último adiós. El escritor Mario Benedetti murió, a los 88 años, en su casa de Montevideo.
Desde los más lejanos rincones del mundo, las muestras de dolor no se hicieron esperar. “Hemos perdido y hemos ganado porque están ahí sus libros, que afortunadamente nos sobreviven. Tenía una capacidad de trabajo extraordinaria, y con su genio, su talento y su coraje podemos decir que ha sido una obra muy hermosa”, expresó el escritor portugués y premio Nobel de Literatura, José Saramago, minutos después de conocer la amarga noticia. Desde la tinta del diario argentino Página/12, el poeta Juan Gelman escribió: “Es indecible el dolor de su pérdida. Fue poeta, fue novelista, fue ensayista y, sobre todas las cosas, fue un hombre bueno. Nunca se doblegó ante el Poder. Su muerte deja el vacío grande que dejan los grandes. De su obra nacerán otros poetas, como él siempre quiso, y seguirá vivo en el tiempo. El ya no sufre, descansa ya”.
Visiblemente afectado, consultado por los medios españoles, el cantautor Joan Manuel Serrat declaró: “La muerte de Mario personalmente me llega como una mezcla de tristeza y liberación”. El artista catalán calificó a Benedetti de “hombre muy reconocido como poeta y probablemente el más leído de la literatura latinoamericana”. La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel dijo en tanto que “La razón de su éxito radicó en que supo llegar al alma y las preocupaciones de los lectores, lo que significa que entendió como pocos la sociedad contemporánea”. En similar tono, la ministra española de Cultura, Angeles González-Sinde, afirmó que “Todo lo que digamos de Benedetti será poco en comparación a lo que él hizo por acercar su poesía a todos los ciudadanos” pero que queda su “enorme compromiso cívico, político y humano”.
Lejos de lo que para muchos hubiera sido una despedida enmarcada en lo políticamente correcto, el escritor chileno Luis Sepúlveda dijo: “Me levanté de mala gana. Sólo me apetece emborracharme, pedir un whisky y decirle al camarero que me ponga el más humilde que tenga con una rodaja de limón”. Más formales, los presidentes del Mercosur, así como los jefes de Estado de Cuba, México y España, íntimamente ligados a la poesía y la vida del poeta uruguayo, enviaron sendas cartas de condolencias ante la pérdida de Mario Benedetti. “Ha conseguido que millones de personas nos hayamos reconocido en sus versos y en su lucha”, expresó el presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, en un telegrama enviado a la familia del escritor. En el Palacio Legislativo, decenas de coronas mostraban el pesar del mundo entero.
“A Don Mario con cariño y admiración. El pueblo de México”, rezaba la enviada por el país azteca. “Hasta siempre Mario. Gracias por tu solidaridad y tu lucha contra la impunidad. Donde Están”, decía la remitida por el mandatario francés, Nicolas Sarkozy. Junto a la corona de flores de la organización Madres y familiares de detenidos desaparecidos, organización a la que Benedetti donó el monto recibido por el Premio Reina Sofía, también estaba, desbordante de magnolias, la del poeta y cantor Joaquín Sabina. En una carta enviada al presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, el mandatario paraguayo Fernando Lugo declaró: “Mario eligió no morir”. Los presidentes de Cuba, Raúl Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez, también dedicaron palabras de homenaje al escritor. El uruguayo Tabaré Vázquez, que decretó duelo nacional, reflexionó emocionado: “Personas como Mario no se mueren, se siembran”.
Benedetti llevó su compromiso cívico más allá de los dogmas y de las consignas. Se sentía obligado a tomar postura frente a las desigualdades, los abusos, los atropellos. Pero lo más importante: no perdió nunca en el ámbito del debate político su capacidad de sentir. No permitió que las ideas se separaran de la vida, mezcló la poesía amorosa con la conciencia cívica, y supo intentar en sus poemas, lo mismo que en narraciones como La tregua (1960), una épica de los seres comunes, donde los ciudadanos comunes y corrientes tienen las mismas ilusiones y las mismas inquietudes que los héroes, porque los héroes no son más que ciudadanos comunes y corrientes puestos por la historia en una situación en la que se debe demostrar la dignidad humana. Y se la veía triste a Montevideo.
Se lo veía triste al bar San Rafael, en San José y Zelmar Michelini, en el que en los últimos años almorzaba Benedetti. También a Miguel Braga, el mozo que lo atendió en la última década y que cuando hace algunos años tuvo un problema de salud, recibió un dinero gracias a la idea de Benedetti de poner en una mesa sus libros autografiados, sorteados entre los parroquianos. “Lo vamos a extrañar”, dijo.
Ricardo Scagliola
Boletín Somos Mercosur








