En el bicentenario boliviano, Evo Morales fustigó a Estados Unidos y llamó a “la definitiva independencia” latinoamericana
“Por la segunda y definitiva independencia”. La consigna saturó ayer los altavoces de La Paz durante los fastos por el bicentenario de la primera insurrección contra las autoridades coloniales españolas. Campesinos, mineros y representantes de las comunidades originarias desfilaron ante el presidente boliviano, Evo Morales, agitando banderas nacionales y wiphalas, como se llama a la enseña de siete colores usada por las etnias andinas. “Este es el milenio de los pueblos, no de los imperios”, les dijo Morales. Y, en la misma tribuna, sus colegas de Venezuela, Ecuador y Paraguay, Hugo Chávez, Rafael Correa y Fernando Lugo, aplaudieron cada palabra como si fuera propia. Como contracara, de la fiesta del Bicentenario no participó ninguno de los representantes de la oposición boliviana.
En su discurso, Morales pidió acabar con las bases militares que Estados Unidos mantiene en diferentes países de la región. “Será una forma de descolonizarnos, dignificarnos y hacer respetar la soberanía de los pueblos”, señaló. Además, según subrayó el presidente de origen aymará, las Fuerzas Armadas latinoamericanas no tienen que depender más del Comando Sur de la potencia del norte. Y recordó no solo la participación del Pentágono en parte de los 160 golpes que tuvieron lugar en Bolivia, sino que además fue enumerando en su discurso las asonadas que sacudieron a distintos países de la región. “El Comando Sur de EEUU dirigió muchos de esos golpes. Ya no deben prepararse allí nuestros militares porque les enseñan que el enemigo interno son los movimientos sociales, indígenas, mineros”, dijo.
La crítica de Morales resuena cuando Estados Unidos y Colombia avanzan en la rúbrica de un acuerdo bilateral que permitirá a Washington operar en al menos tres bases colombianas. Las negociaciones comenzaron después de que Ecuador se negara a renovar el permiso a militares estadounidenses para que siguieran utilizando la base aérea de Manta, que vence en noviembre de este año. Desde la entrega del Canal de Panamá, la base de Manta se había convertido en el principal centro de operaciones estadounidenses en la región. Pero, más allá de las formalidades, las reuniones en privado estuvieron dominados por un tema de mayor urgencia: Honduras. Chávez quería aterrizar en La Paz acompañado del depuesto presidente, Manuel Zelaya. Pero llegó con su cancillera, Patricia Rodas.
El presidente venezolano se mostró convencido de que las conspiraciones “contra los pueblos, el de Bolivia, el de Venezuela y el de Honduras, no podrán detener la carga de la historia nueva”. “Por más burgueses que nos amenacen”, apostilló. Morales hizo girar parte de su discurso sobre los fantasmas que se agitan detrás de la crisis en ese país centroamericano y la necesidad de evitar que su ejemplo se repita. Reiteró en ese sentido el apoyo de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) al presidente derrocado y volvió a vincular al Comando Sur de EEUU con los conjurados. El anfitrión auguró que el golpe cívico-militar hondureño fracasará de la misma manera que ocurrió en Bolivia el año pasado: “Los golpistas tarde o temprano serán juzgados”, lanzó, no sin antes fustigar la complicidad de la Iglesia católica con los protagonistas del complot.
Redacción
Boletín Somos Mercosur








