Del sub grupo N° 11 a la REM, un largo camino para la inclusión de la temática de género en la agenda de la integración

El almanaque marca 8 de marzo y el mundo entero se detiene a reflexionar sobre la realidad de las mujeres y las dificultades que las mismas enfrentan en la búsqueda de la igualdad de oportunidades. En distintos ámbitos, se abren espacios de discusión acerca de la condición femenina. Las mujeres se movilizan a lo largo y ancho de la región y el mundo, mientras que los gobiernos del Mercosur realizan pronunciamientos oficiales y diseñan estrategias en pro de la disminución de las inequidades existentes. Es que a pesar de que en la región y el mundo las estadísticas muestran una importante mejoría respecto a años anteriores, aún falta mucho para que las mujeres alcancen la igualdad de derechos y oportunidades respecto a los hombres. A ello se suma otro obstáculo para el pleno goce de sus derechos: la lacra intolerable de la violencia sexual y la violencia doméstica, que siguen siendo un factor de muerte para muchas mujeres.  

Desde la constitución del Mercosur, las mujeres no han cejado en sus esfuerzos por introducir la temática de género en el proceso de integración. Desde aquellas primeras iniciativas del sub grupo N° 11 relativas a las relaciones laborales y la previsión social, pasando por los reclamos de diversas organizaciones no gubernamentales, hasta la creación de la Reunión Especializada de la Mujer (REM) en la institucionalidad del bloque, las mujeres han insistido en la inclusión de los asuntos de género en la agenda de la integración y en la agenda ciudadana de cada uno de los países del bloque. Centrado en sus comienzos en las cuestiones económicas y comerciales, el bloque comenzó a tomar la problemática de la mujer recién hacia el año 2004, cuando discursos comenzaron a asumir el tema como parte del “déficit social” que se había generado tras tantos años de negación de esa otra cara de la integración: cultural, educativa, social. 

Las mujeres y el trabajo. En el mercado de trabajo mundial, los indicadores muestran que el 41% de quienes trabajan son mujeres. Sin embargo, las obreras siguen sufriendo disparidades de estatuto, salarios y educación, así como mayor inseguridad en sus empleos, según afirmó recientemente la Oficina Internacional del Trabajo (OIT). Según el último informe sobre tendencias mundiales de empleo femenino, el número de mujeres que integran el mercado laboral alcanzó en el año 2007 una cifra récord: 1200 millones, sobre un total de 2900 millones de trabajadores. Las mujeres son relegadas a empleos poco productivos del sector agrícola y del sector servicios. Además, son menos remuneradas que los hombres en puestos comparables. A nivel mundial, las mujeres suelen ganar un 90% menos que sus colegas masculinos, situación que se verifica incluso en los considerados tradicionalmente “trabajos femeninos” como la docencia y el cuidado de los niños. 

El desequilibrio existente entre los dos sexos respecto a las tasas de empleo de la población es más importante en Oriente Medio y en el norte de África, donde solamente dos de cada diez mujeres trabajan, contra siete de cada diez hombres. De las personas que abandonan sus estudios para salir al mercado laboral, el 60% son mujeres. Más aún, el 60% de los trabajadores pobres del mundo son mujeres. Y cuanto mayor es la pobreza en una región, mayor es el riesgo de que las mujeres ocupen empleos familiares no remunerados o que trabajen en forma independiente, ganando ínfimas sumas de dinero. Frente a estas cifras, la OIT admite y destaca los progresos que han logrado las mujeres en los últimos años, pero asegura que resta mucho por hacer para revertir la dura realidad. Entre los avances, se señala que actualmente más mujeres en edad de trabajar ocupan un empleo remunerado (47,9%); hace diez años la misma cifra era de 42,9%.  

Por casa, ¿como andamos? Si se observa la evolución de los indicadores de empleo en los países del Mercosur, en el caso de Brasil hubo una caída de 2,0 puntos porcentuales en los hombres y de 1,4 puntos en las mujeres, mientras que en Argentina y Chile aumentó la cantidad de mujeres trabajadoras y se contrajo el empleo masculino. En Uruguay, en tanto, aumentó la tasa de empleo para ambos sexos. Un dato común en estos países es que la tasa de participación laboral de las mujeres tiende a ser menor entre aquellas que tienen menos años de estudio y menores ingresos, y aumenta en la medida en que mejoran ambos factores. Son las mujeres pobres las que encuentran mayores dificultades para insertarse en el mercado laboral, en gran medida debido a que enfrentan mayores obstáculos para delegar las responsabilidades domésticas y el cuidado de los hijos.  

Boletín SOMOS MERCOSUR

Háganos llegar su comentario

Montevideo 2011
Cursos/ Convocatorias
Suscribirme al Boletín
Agenda Somos Mercosur
Mapa Mercosur
CEFIRMercosurInwent Reunión Especializada de Cooperativas