Muchos abrazos, encendidos discursos y el recuerdo del Mercosur de los años 90 en la jornada preparatoria de la Cumbre Social

Que la integración no se limite a lo comercial. Más allá de los matices, ése fue el denominador común entre gobiernos de la región, movimientos sociales y sindicatos, reunidos en la jornada preparatoria de la Cumbre Social del Mercosur. Y es que en la antesala de un nuevo encuentro de las organizaciones de la sociedad civil no hay quien no recuerde el Mercosur de los 90. Estuvo en boca de todos, y los panelistas se encargaron de sentenciarlo: vivimos una época diferente, donde la lógica del proceso de integración ya no pasa solamente por lo económico, y donde el signo político común de los gobiernos de la región agita las esperanzas de hallar nuevos puntos de encuentro entre los países. La búsqueda de formas de institucionalización de las organizaciones sociales, la necesidad de profundizar la participación de la sociedad civil en la integración, y la caracterización del proceso que vive la región como una obra en construcción permanente no pasó por alto en la primera actividad de una nueva edición de la Cumbre Social del Mercosur.

La cita fue en el salón auditorio del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), ubicado en la sede de la cancillería argentina. Y el primero en hablar fue  el coordinador del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil (CCSC), embajador Oscar Laborde, para quien la clave pasa por “definir quiénes son los beneficiarios” de la integración. “Tenemos la obligación como sudamericanos de pensar más allá del presente e ir pensando el Mercosur que queremos a partir del que ya sabemos que no queremos: el neoliberal”, afirmó. Y es que en lo que muchos definen como una “nueva etapa” del bloque, la base de la construcción también está en diferenciarse de aquél Mercosur de los 90, en donde la lógica de la integración pasaba únicamente por lo económico. Lo decía Laborde, con una cierta dosis de optimismo: “Este es un proceso denso y complejo, pero sepan que el modelo alternativo ya está en construcción”. Las palabras de Laborde, acompañadas por un entusiasta aplauso del auditorio, no hicieron sino desencadenar importantes reflexiones acerca del momento político que vive la región.

Gerardo Martínez, coordinador del Foro Consultivo Económico y Social (FCES), fue quien le siguió en el uso de la palabra. “El Mercosur es viable si nos da la garantía de mejorar sustancialmente nuestras condiciones de vida”, advirtió, tras lo cual señaló que la oposición de los países del bloque a la suscripción del acuerdo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la Cumbre celebrada en marzo de 2005 en la ciudad argentina de Mar del Plata, marcó un antes y un después en la historia del Mercosur. “Allí se empezó a determinar una nueva visión del proceso de integración”, expresó. Tras enumerar los reclamos de los trabajadores y recordar que aún hay una importante “deuda social” en la región, Martínez lanzó una de cal y otra de arena a los gobiernos del Mercosur. Y dijo que si bien los sindicatos “estamos de acuerdo y aplaudimos el libre tránsito de trabajadores”, también es necesario “un salario que garantice que todos los trabajadores estén por encima de la línea de pobreza”. Sus palabras sonaron a reclamo. Y cosecharon uno de los aplausos más atronadores de la jornada.

Por su parte, el coordinador para la Integración Productiva de la cancillería argentina, Hugo Varsky, señaló que a quienes impulsan el proceso de integración desde las organizaciones sociales y los gobiernos los reúne “la convicción del impulso de un modelo de Mercosur que entiende que, en el marco de un mundo multipolar, ésta región debe ser uno de esos polos”. Varsky defendió a capa y espada la necesidad de que la región “le hable al mundo con una sola voz”, y lanzó una frase que le quedó resonando a más de uno: “Si no hay Mercosur, hay ALCA”. Renato Martins, asesor especial para política internacional de la Secretaría de la Presidencia de Brasil, recogió el guante: “Las negociaciones rumbo a un acuerdo del ALCA eran prácticamente clandestinas: recién seis meses después supimos qué era lo que se había negociado”, dijo. Martins insistió en que es necesario pensar la integración “desde una perspectiva no corporativista”. Y enseguida apuntó a la necesidad de profundizar la participación social en el Mercosur: “Es la única forma de que haya más Mercosur”, expresó.

El presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur (CRPM), Carlos “Chacho” Álvarez, fue el último en hacer uso de la palabra. Dijo que la profundización del proceso de integración “pasa por la construcción de una comunidad y no de un mercado”, para lo cual, dijo, “vivimos un contexto inmejorable”. “No tenemos a los pueblos enfrentados a los gobiernos”, expresó, y puso un ejemplo: “En Tucumán, no tendremos contra cumbres”, porque “los sectores sociales se sienten incorporados al proceso”. Respecto a la participación social en el Mercosur, Álvarez dijo que el proceso de integración “no puede ser juzgado sólo por cómo evoluciona la balanza comercial”, tras lo cual desafió a “las burocracias anquilosadas y perezosas” a “reconocer que el Mercosur de hoy no es el mismo que el de los 90”. Antes de finalizar, llamó la atención acerca de lo ocurrido en Europa con el Tratado de Lisboa, que recogió un rotundo “No” en un plebiscito celebrado en Irlanda: “Ahí tenemos un ejemplo de qué es lo que ocurre cuando los pueblos están lejanos del proceso de integración”, afirmó.

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