Lula salió al cruce de empresarios brasileños críticos del Mercosur y habló de una “obligación moral” con el resto de los socios

“Las relaciones con América Latina son estratégicas, así como lo son las relaciones con Mercosur, con Europa y con Francia”. Una semana después de que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, consiguiera reunir a todos los países de la región en la I Cumbre de América Latina y el Caribe, y en el marco de la II Cumbre Brasil-Unión Europea -celebrada el 22 de este mes en Río de Janeiro- y la consiguiente visita oficial al país noreño que cumplió el mandatario francés y presidente de turno de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy, el brasileño habló de integración. Y lo hizo en mayúsculas. En la ocasión, el jefe de Estado se pronunció contra una declaración de empresarios brasileños, según la cual la insistencia de Brasil en fortalecer el Mercosur y la futura entrada de Venezuela a este bloque regional pueden afectar las relaciones comerciales que el país actualmente mantiene con la Unión Europea. “Esa afirmación tiene una buena carga del prejuicio que conseguimos derrotar al fortalecer las relaciones de Brasil con los países de América Latina”, expresó Lula, visiblemente molesto.

“En Brasil hay personas que les gustaría que tan solo miráramos a Europa, Estados Unidos o Japón, y que no miráramos a Suramérica, que actualmente es la región con la que tenemos el mayor flujo comercial”, agregó. “Nuestro país tiene fronteras con países pequeños, con países más pobres que Brasil, con países con menor potencial tecnológico, y tenemos la obligación moral, económica, política y ética de ayudarlos a desarrollarse”, afirmó. “Países como Brasil, Francia, Estados Unidos y los de la Unión Europa, que son los que tiene mayor potencialidad, son los que tiene que cuidar con más cariño a los aún no desarrollados, porque si no vamos a tener migración, miseria, guerrilla y convulsión social”, sostuvo Lula ante los micrófonos de la prensa brasileña e internacional. Un día antes, durante un encuentro industrial bilateral que congregó las principales grandes empresas brasileñas y francesas, los brasileños se habían dedicado a denostar a la Argentina, a la que acusaron de aplicar medidas proteccionistas y de frenar por todos los medios cualquier intento de fortalecer la apertura comercial.

En el encuentro empresarial, el ex ministro de Desarrollo Fernando Furlán dijo, por ejemplo, que “Brasil está atado a una pesada bola de hierro que es el Mercosur”. A su voz se sumó la de la Confederación Nacional de la Industria, cuyo representante agregó: “Cada país debe negociar por separado. No podemos seguir atados a naciones proteccionistas”, en obvia alusión a la Argentina. Tampoco faltaron críticas al rumbo de Paraguay, país con el cual a muchos empresarios se les hace difícil introducir sus productos por los problemas fronterizos que vienen sufriendo ambos países por la presencia de brasiguayos en las zonas limítrofes y las diferencias en torno a la revisión del Tratado de Itaipú. La ofensiva del empresariado brasileño sobre el Mercosur no es novedosa. Ni son actitudes privativas del mayor socio del cuarteto comercial sudamericano. También en Argentina se alzaron voces esporádicas contrarias a este mercado. Antes, en Uruguay y Paraguay. Las razones, sin embargo, son bien diferentes dependiendo de cuál orilla se observe. Y cada una de ellas tiene una serie de cuestiones de base distinta.

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