Al traspasarse las riendas del bloque, Argentina y Uruguay intercambiaron gestos y reafirmaron el compromiso con la integración

Como es de rigor, cumplido el semestre en el que Uruguay ejerció como presidencia pro témpore del bloque regional, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez traspasó la conducción del proceso de integración regional a la presidenta argentina, Cristina Fernández. En un discurso al que no le faltaron alusiones a la profunda hermandad argentino-uruguaya, la flamante presidenta anunció que los presidentes de los países del bloque seguirán “abogando por el MERCOSUR y la multipolaridad, porque el unilateralismo ha creado tragedia, dolor e inseguridad”. Para Cristina, superada la etapa neoliberal, el bloque “goza de buena salud” y, más aún, tiene excelentes “anticuerpos”.

Al traspasarle la presidencia pro témpore a su colega argentina, Vázquez puso a disposición de la mandataria la sede del MERCOSUR y subrayó que la presidenta estaba “en su casa” en la ciudad de Montevideo. “Ningún argentino es extraño en tierras orientales”, resaltó el gobernante uruguayo. Al finalizar la intervención de cada uno de los presidentes de los países permanentes y de los Estados asociados del MERCOSUR, se procedió a realizar la ceremonia de traspaso de la presidencia rotativa del bloque. En ese marco, Vázquez reiteró que le era “muy grato” transferir la presidencia del bloque a la presidenta de un país “hermano” del Uruguay.

El presidente uruguayo remarcó que lo que une a uruguayos y argentinos es “mucho más y mejor de lo que puede expresarse con palabras”. Subrayó que Fernández asumirá la tarea con “convicción, dedicación, responsabilidad y pasión” y dijo a la presidenta argentina que se encontraba “en su casa”, donde ningún argentino es “extranjero”. En ese momento, procedió a traspasarle el simbólico “martillo” utilizado para moderar las sesiones del bloque. Por su parte, Fernández expresó alegría porque Vázquez remarcó en su declaración “la elección de pertenecer cultural, política e históricamente al MERCOSUR”. Ambos presidentes parecieron descomprimir la tensa relación entre sus países generada a causa de la instalación de la planta de celulosa Botnia en el margen oriental del Río Uruguay.

La jefa de Estado argentina remarcó que el hecho de que el bloque regional haya sobrevivido a la década del neoliberalismo en la región deja de manifiesto que el mismo “goza de buena salud” y, más aún, tiene excelentes “anticuerpos”. Pero Cristina también reflexionó acerca de los modos de hacer política en el mapa regional e internacional: “Algunos que hacen política desde adentro y fuera de nuestros países son los que hacen operaciones sucias en la región”. Tras esta afirmación, la jerarca recibió el aplauso cerrado del resto de los presidentes y advirtió que muchas veces se sufrirán “interferencias de los que solamente quieren países subordinados y no entienden las políticas de amistad de Latinoamérica”.

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