Cecilia Alemany: “La región hizo bien los deberes, pero los desafíos de creatividad para salir de esta nueva crisis van a ser mayores”
“Este es un problema del norte”. Cecilia Alemany no vacila en encontrar respuestas al origen de la actual crisis mundial. Y, sugiere, se trata de la más importante que le ha tocado vivir al continente. La explicación: en la crisis de 2001, la alternativa de los países de la región, tradicionalmente exportadores, pasó por salir a buscar nuevos mercados. Pero hoy eso no es tan fácil: “hay más proteccionismo y más crisis en otros lados”, explica la coordinadora de la Red Mercosur de Economistas, que este año, con el agravamiento del impacto de la crisis en el bloque montó el Observatorio Económico del Mercosur, un espacio dedicado a la divulgación, investigación y discusión de los diferentes aspectos de la crisis internacional a partir de las investigaciones llevadas a cabo por economistas de la región.
Alemany es pesimista respecto a una salida. Y sugiere que la crisis se va a extender por un buen tiempo. ¿Hasta cuándo? No arriesga una fecha. Pero explica que los más optimistas marcaron en el calendario el año 2010 como bisagra de la recuperación. “El hecho de que se observe un pequeño repunte no significa que estamos saliendo”, señala. Entre tantas malas, una buena noticia: la región está mejor preparada para enfrentar un panorama recesivo. ¿Qué hace la diferencia? Para la coordinadora de la Red, los aprendizajes de las últimas crisis argentina y brasileña dejaron algunas lecciones en los actuales gobiernos. “De alguna manera hicimos bien los deberes, pero los desafíos de creatividad para salir de esta nueva crisis van a ser mayores, porque no se trata de un fenómeno local: el resto del mundo también está en depresión”, agrega.
“Esta crisis exige otras respuestas de la región”, sobre todo “la búsqueda de alternativas a los mercados tradicionales”, sostiene Alemany, poco después de remarcar que “se trata de la crisis más profunda desde la creación del Mercosur” y criticar a los países del bloque por no acordar una estrategia común para hacer frente al nubarrón, al menos en la esfera internacional. La “poca capacidad de escucha y liderazgo” de los países más grandes (Argentina y Brasil) para con sus pares (Paraguay y Uruguay), la inexistencia de una “agenda Mercosur” y la falta de coordinación a la hora de participar de foros internacionales como el G-20 son los tres casos con los que Alemany ejemplifica la debilidad del bloque ante el nuevo escenario. “Adentro las cosas no son menos fáciles”, advierte, para luego explicar que “la falta de cadenas productivas en el bloque hace muy difícil el diseño de estrategias de inserción internacional”.
El fondo de la cuestión es un poco más intrincado. Y, para Alemany, tiene que ver, una vez más, con las relaciones de poder entre los países desarrollados y el resto del mundo. “Los procesos de cambio en las relaciones de poder no son tan rápidos como uno quisiera, pero con esta crisis parecen haber emergido antes de lo previsto”, destaca. Aunque nada es automático: “Que el entramado de relaciones cambie depende de la capacidad de países emergentes de generar alternativas confiables y viables”, subraya, no sin antes recordar un dato que parece clave a la hora de entender el momento por el que atraviesa la economía mundial y comprender las perspectivas que se dibujan en el horizonte: los países emergentes financian con sus reservas a los países desarrollados. El caso paradigmático es China: un tercio de sus reservas descansan en los Estados Unidos.
Redacción
Boletín Somos Mercosur
“Este es un problema del norte”. Cecilia Alemany no vacila en encontrar respuestas al origen de la actual crisis mundial. Y, sugiere, se trata de la más importante que le ha tocado vivir al continente. La explicación: en la crisis de 2001, la alternativa de los países de la región, tradicionalmente exportadores, pasó por salir a buscar nuevos mercados. Pero hoy eso no es tan fácil: “hay más proteccionismo y más crisis en otros lados”, explica al Boletín Somos Mercosur la coordinadora de la Red Mercosur de Economistas, que este año, con el agravamiento del impacto de la crisis en el bloque montó el Observatorio Económico del Mercosur, un espacio dedicado a la divulgación, investigación y discusión de los diferentes aspectos de la crisis internacional a partir de las investigaciones llevadas a cabo por economistas de la región.
Alemany es pesimista respecto a una salida. Y sugiere que la crisis se va a extender por un buen tiempo. ¿Hasta cuándo? No arriesga una fecha. Pero explica que los más optimistas marcaron en el calendario el año 2010 como bisagra de la recuperación. “El hecho de que se observe un pequeño repunte no significa que estamos saliendo”, señala. Entre tantas malas, una buena noticia: la región está mejor preparada para enfrentar un panorama recesivo. ¿Qué hace la diferencia? Para la coordinadora de la Red, los aprendizajes de las últimas crisis argentina y brasileña dejaron algunas lecciones en los actuales gobiernos. “De alguna manera hicimos bien los deberes, pero los desafíos de creatividad para salir de esta nueva crisis van a ser mayores, porque no se trata de un fenómeno local: el resto del mundo también está en depresión”, agrega.
“Esta crisis exige otras respuestas de la región”, sobre todo “la búsqueda de alternativas a los mercados tradicionales”, sostiene Alemany, poco después de remarcar que “se trata de la crisis más profunda desde la creación del Mercosur” y criticar a los países del bloque por no acordar una estrategia común para hacer frente al nubarrón, al menos en la esfera internacional. La “poca capacidad de escucha y liderazgo” de los países más grandes (Argentina y Brasil) para con sus pares (Paraguay y Uruguay), la inexistencia de una “agenda Mercosur” y la falta de coordinación a la hora de participar de foros internacionales como el G-20 son los tres casos con los que Alemany ejemplifica la debilidad del bloque ante el nuevo escenario. “Adentro las cosas no son menos fáciles”, advierte, para luego explicar que “la falta de cadenas productivas en el bloque hace muy difícil el diseño de estrategias de inserción internacional”.
El fondo de la cuestión es un poco más intrincado. Y, para Alemany, tiene que ver, una vez más, con las relaciones de poder entre los países desarrollados y el resto del mundo. “Los procesos de cambio en las relaciones de poder no son tan rápidos como uno quisiera, pero con esta crisis parecen haber emergido antes de lo previsto”, destaca. Aunque nada es automático: “Que el entramado de relaciones cambie depende de la capacidad de países emergentes de generar alternativas confiables y viables”, subraya, no sin antes recordar un dato que parece clave a la hora de entender el momento por el que atraviesa la economía mundial y comprender las perspectivas que se dibujan en el horizonte: los países emergentes financian con sus reservas a los países desarrollados. El caso paradigmático es China: un tercio de sus reservas descansan en los Estados Unidos.
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