Mercosur reafirmó su vocación democrática y controló con sus propios observadores el referéndum revocatorio celebrado en Bolivia
Quizá algún día la historia grabe en sus páginas inmortales el nombre del Mercosur. No ya por su capacidad de seguir avanzando pese a la resistencia de tantos grupos de presión con intereses muy claros y definidos, sino por su carácter de guardián de las formas democráticas en la región. Algo de eso ha estado presente en anteriores ocasiones, como en el caso de la vigilancia del plebiscito convocado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pero si alguna oportunidad faltaba para ratificar al bloque en su rol de custodio de los valores democráticos, el referéndum revocatorio que tuvo lugar ayer en Bolivia parece haber bastado. Una nutrida delegación de representantes del bloque, encabezada por el presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur (CRPM), Carlos “Chacho” Alvarez, y el presidente del Parlamento del Mercosur, Florisvaldo Fier, conocido como Doctor Rosinha, y compuesta además por una vasta delegación de legisladores regionales cumplieron su tarea de observación. Lo hicieron en medio de la profunda convulsión que sufre el país, desatada tras el resquebrajamiento de las autonomías.
Ocurre que la llamada “media luna”, que concentra el 44% del PBI del país y que desde hace ya un tiempo reclama su autonomía con respecto al occidente del altiplano, se ha manifestado claramente en contra de la realización del referéndum. Pero pese a la postura de estas cuatro regiones (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando), Bolivia igualmente se enfrentará a esta alternativa legal. “Yo no tengo miedo al pueblo boliviano. Es mejor someterse al pueblo que al imperio”, había dicho Morales a sus colegas de la región, en la Cumbre de Jefes de Estado celebrada el mes pasado en Tucumán. Y es que para el oficialismo, esta instancia democrática y de participación libre representa una gran chance de frenar las aspiraciones divisionistas de grupos de poder económicos afectados por el proceso de cambio iniciado por el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS). En los hechos, la fractura rompe los ojos. Y como ejemplo basta la última imagen de la campaña: el presidente Evo Morales, hablando desde el balcón del palacio Quemado, sede del gobierno, a los habitantes de La Paz y El Alto, donde se concentra su mayor base de apoyo social.
En rigor, el presidente debía haberle hablado al país desde Sucre, capital de Chuquisaca, en la sesión de honor del Congreso, y como parte del 183 aniversario de la independencia boliviana. Pero sus autoridades no le ofrecieron garantías. Es más: la prefecta Savina Cuéllar le pidió a su ex amigo, el presidente, que renuncie. “El radicalismo del Gobierno está llevando a la confrontación entre bolivianos y hace matar a los hermanos campesinos”, dijo. Sucre se ha convertido en territorio vedado para el presidente desde los disturbios de fines del 2007 con los que se cerró una reforma constitucional que debe ser ratificada en una consulta. Pero antes, los bolivianos tuvieron ayer otra decisión, de las más importantes: definir si Morales, su vicepresidente, Álvaro García Linera, y los prefectos (gobernadores) siguen en sus cargos. Para que Morales abandone su cargo se necesita el 55% de los votos. El oficialismo confía en que saldrá victorioso. El baño de masas en el centro de La Paz le proporcionó al presidente una cuota de alivio después de horas de tensión que obligaron a las autoridades a confirmar la realización de un referendo que se creía peligrar.
Apenas confirmada la presencia del bloque en el contralor del proceso democrático, el gobierno de Morales expresó “tranquilidad” y “satisfacción” ya que consideran que “se ha reforzado de manera importante la legitimidad del proceso democrático”. Por su parte, las autoridades mercosurianas designadas para las tareas de observación y vigilancia abogaron, antes de partir, por que el proceso se lleve adelante en un clima de tranquilidad. Florisvaldo Fier, presidente del Parlamento del Mercosur, reiteró el apoyo de ese organismo al referendo en Bolivia y abogó porque el proceso se celebre con la “paz deseada”. Por su parte, el presidente de la CRPM, Carlos “Chacho” Alvarez, expresó su voluntad de “colaborar” para que “las contradicciones y los conflictos de Bolivia se solucionen”. El envío de observadores del Mercosur fue solicitado por el mismísimo Morales durante la última cumbre del bloque, celebrada a principios del mes de julio pasado en la ciudad argentina de Tucumán. En total, fueron cientos los veedores internacionales acreditados ante la Corte Nacional Electoral.
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