Los trabajadores apuestan a reformular la Declaración Sociolaboral: prevén un “proceso largo” pero buscarán “el mayor consenso”
No va más. Para los trabajadores, llegó la hora de introducir cambios a la Declaración Sociolaboral. Y es que ya han pasado diez años desde aquella reunión celebrada en Brasilia un 10 de diciembre de 1998, en la cual empresarios, trabajadores y presidentes colocaron el primer mojón en la historia del Mercosur social. Por aquél entonces, se hablaba de no discriminación, promoción de la igualdad, migración, eliminación del trabajo forzoso, trabajo infantil, negociación colectiva y libertades sindicales, entre otras cuestiones auténticamente revolucionarias para el contexto en que se vivía: una región donde imperaban los gobiernos conservadores y la lógica del mercado por sobre la de los ciudadanos. Con el paso del tiempo, los trabajadores comenzaron a ver que aquél documento, muy claro en sus intenciones, no daba los resultados esperados. Que era necesario otorgarle un estatus mayor. Que los mecanismos de control para su efectivo cumplimiento brillaban por su ausencia. Que en cuanto se pudiera, era necesario introducir cambios.
A diez años de la primera Declaración Sociolaboral del Mercosur, las organizaciones sindicales del bloque ya se encuentran afinando la estrategia, y sacándole punta al lápiz. De hecho, ya tienen fijada una actividad para los próximos días 6, 7 y 8 de octubre en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, donde comenzarán a definir un borrador de posibles modificaciones. Luego vendrán otras reuniones, como la que ya está agendada con el Parlamento del Mercosur. Allí, los trabajadores verán “hasta dónde pueden acompañar los parlamentarios”, según dijo al Boletín SOMOS MERCOSUR el Secretario Técnico de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS), Fernando Berasain. Desde los sindicatos, existe confianza en que los cambios podrán introducirse en un plazo de tiempo razonable. “Los gobiernos progresistas firmaron acuerdos de mayor contenido que lo que le estaremos planteando al Mercosur”, justificó Berasain. Los ejemplos abundan: libre circulación de bienes y servicios, revalidación de títulos universitarios, políticas articuladas en materia social.
Las principales modificaciones que los trabajadores piensan introducir a la Declaración Sociolaboral pasan principalmente por brindarle un mayor estatus al documento suscrito en 1998, actualizar los contenidos de acuerdo a los cambios que ha sufrido la región, crear una Comisión que realice un seguimiento de los cambios y hasta la adjudicación de un determinado presupuesto para, por ejemplo, crear mecanismos de denuncia en el caso de violación de alguno de los puntos acordados. Los trabajadores reconocen que todas estas cosas demandan un tiempo prolongado de análisis, acuerdos y puesta en marcha. “No es fácil, pero es posible”, repiten al unísono desde todos los sindicatos integrantes de la Coordinadora. Y es que más allá de que existe confianza en que no habrá mayores inconvenientes a la hora de poner en marcha un nuevo estatuto, todos reconocen que éste es un “proceso largo”. Berasain, no obstante, le ve una ventaja a este último punto: “Cuanto mayor consenso se logre, mayor respeto a los acuerdos logrados”, asegura.
Boletín SOMOS MERCOSUR






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